«Prepara el escalofrío, el escalofrío mismo y la solución del escalofrío. Crea expectativas y da soluciones sorprendentes. Reduce al máximo una historia y la deja en lo fundamental, en lo que la mantiene en pie. Iwasaki ha utilizado todos estos mecanismos agitándolos como en un tubo de ensayo»
Antonio Muñoz Molina, El País (Madrid)

«Los cuentos de Fernando Iwasaki me hacen pensar en Augusto Monterroso, en Juan José Arreola, por momentos en Jorge Luis Borges. Su compatriota Julio Ramón Ribeyro anda por algún lado. Y Felisberto Hernández, el de Montevideo, no anda demasiado lejos»
Jorge Edwards, La Segunda (Santiago de Chile)

«Iwasaki posee grandes virtudes como narrador, y estas virtudes se intensifican cuanto más breve sea el texto. Estos cuentitos perversos son brevísimos, y tratan todos los miedos que se han hecho clásicos de niños a mayores, de mayores a niños, de monstruos en el armario y muertos vivientes. Una maravilla, para leerla sólo por el día…»
Espido Freire, Clubcultura.com (Madrid)

«El escritor peruano, afincado en España, corrobora con Ajuar funerariolas excelentes dotes como narrador que había acreditado ya en sus títulos anteriores. No es arriesgado considerarlo una de las revelaciones más notables de la reciente literatura latinoamericana»
Miguel García Posada, Blanco & Negro Cultural (Madrid)

«El microrrelato o narración hiperbreve consiste en un fulgor repentino que concentra en un solo tiempo principio, desarrollo y desenlace de toda una narración. Iwasaki es un notable cultivador del género que en esta extensa y estupenda colección recurre a las soluciones mejores para realzar las gracias de cada pieza. Cada palabra, irreemplazable por ser la más necesaria, adquiere un sentido singular y único»
Lluís Satorras, Babelia (Madrid)

«En los breves textos de Ajuar funerarioel terror es a menudo la antesala de lo absurdo y la ironía, y en este proceso encontramos una de las características más relevantes de la literatura de Iwasaki: su gusto por el tratamiento desmitificador y paródico, una opción que entronca su obra con una tradición muy peruana, la marcada fundamentalmente por Julio Ramón Ribeyro y Alfredo Bryce Echenique, e incluso latinoamericana, con Guillermo Cabrera Infante a la cabeza»
Eduardo Becerra, Quimera (Barcelona)

«Recopilación de cuentos de terror, escalofriantes y angustiosos, donde bestias, fantasmas, vampiros, íncubos y súcubos, crímenes y enigmas, se trasladan al fresco hálito de la vida cotidiana sin tener la necesidad de acudir a geografías recónditas o a supersticiones milenarias; al contrario, ese reto lo supera Iwasaki describiendo sus infiernos con una rara intuición estilística que dosifica el espanto más espantoso, lo retuerce, lo metaforiza»
Alfredo Taján, Diario Sur (Málaga)

«El mayor acierto de Ajuar funerarioes la demostración de cómo Iwasaki domina y articula una textura verbal cuya ingravidez y ligereza convierten a estos cuentos en maravillosos haikús de terror. De esa manera el escritor peruano diluye las fronteras de lo ficcional e insinúa la posibilidad de un mundo inquietante que respira a nuestro lado, dispuesto a sorprendernos. Un libro cuyos relatos le explotarán a los lectores igual que pompas de jabón, salpicándole terror»
Guillermo Busutil, La Opinión (Málaga)

«En estas narraciones breves, brevísimas, de Fernando Iwasaki, hay gran cantidad de hallazgos que renuevan el género, y una sutil inclinación al horror cotidiano, a la sorpresa diurna, a esa presencia fría, acuosa, distante, que se afeita y nos mira al otro lado del espejo»
Manuel Gregorio González, Diario de Sevilla

«Fernando Iwasaki nos ha ofrecido en su nuevo libro un maravilloso brebaje de miniaturas que se bebe de un tirón, con el goce añadido de una prosa perfecta y el escalofrío en cada rincón de la página, como si el volumen fuera una de esas mansiones de pasillos aterradores que aparecen en los cuentos»
José Ángel Barrueco, La Opinión de Zamora

«Pocos, muy pocos son los ingredientes que le faltan a este terrorífico festín literario, en el que Iwasaki se burla de todo lo humano y lo divino, de lo más sagrado y de lo más profano, con el único objetivo de producirle un escalofrío y, a la vez, arrancarle una sonrisa al lector»
Julio José Ordovás, El Heraldo de Aragón (Zaragoza) 

«Como los grande, Iwasaki es un francotirador curtido que apenas necesita munición para atinar en sus objetivos, pues consigue en sólo unas líneas que el lector se reconozca en sus temores más íntimos y se sorprenda con el desenlace»
Braulio Ortiz Poole, Mercurio (Sevilla)

«Lo más insolente de estos relatos, desde el más breve al más extenso, es que todo lo que cuentan es verdad y este hecho se convierte en esa cualidad que autentifica a la literatura»
Pedro M. Domene, Cuadernos del Sur (Córdoba)

«Fernando Iwasaki demuestra que maneja magistralmente las distancias cortas –la mayoría de los relatos no supera la página- y que se puede rendir homenaje a la literatura de terror sin caer en tópicos y a través de una prosa irónica, irreverente y estimulante»
Leandro Pérez Miguel, El Mundo (Madrid)

«Iwasaki practica con éxito la diversidad: cada libro suyo es distinto de los anteriores, aunque en todos están presentes, de una u otra manera, como en éste, el humor, la agudeza y un lenguaje rico, flexible, desenfadado y gozoso»
Abelardo Oquendo, La República (Lima)

«Ajuar funerarioes una obra impregnada de humor negro, con un no sé qué de juego macabro que pretende divertir la inteligencia del lector, para que tolere así la carga tenebrosa de las historias referidas desde los pantanos de la aberración y la patología»
Ricardo González Vigil, El Comercio (Lima)

«Ajuar Funerario está destinado a ser un clásico. Todos los textos juegan con los más diversos símbolos y parafernalia de la literatura de terror y se las ingenian para ser una maravilla de concisión, para trabajar lo elíptico con maestría y para sorprender al final»
Edmundo Paz Soldán, La Tercera (Santiago de Chile)

«Casi 100 cuentos conforman el Ajuar funerariode Fernando Iwasaki. Según Gracián, lo bueno, si breve, dos veces bueno. Estas cápsulas de miedo serán, por breves, dos veces terroríficas»
Patricio Tapia, El Mercurio (Santiago de Chile)