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2008-03-30
Llanto por Carlos Morla Lynch
Carlos MORLA LYNCH: «En España con Federico García Lorca [Páginas de un diario íntimo, 1928-1936]», prólogo de Sergio Macías Brevis, Editorial Renacimiento (Sevilla, 2008), 643 pp.
Con la primera entrega de los diarios de Carlos Morla Lynch (1885-1969), la Biblioteca de la Memoria de la editorial Renacimiento ha reparado en parte la deuda que la literatura española tenía con este artista, escritor y diplomático chileno. Es cierto que los diarios han sido mutilados y emborronados por las nietas de Morla Lynch, pero la restitución de los párrafos suprimidos –primero por la familia y luego por la censura franquista- en las ediciones de 1957 y 1958, rehabilita al escritor y lo engrandece todavía más.
Cuando alguien se acerca a los diarios de un personaje como Carlos Morla -que en París fue amigo de Cocteau y Foujita, y en Madrid de todos los poetas de la generación del 27-, uno sucumbe primero a la tentación de querer saber algo más sobre las grandes figuras que desfilan por sus páginas, pero a medida que descubrimos las finezas, generosidades y admiraciones del autor, uno concluye que la única gran figura es Carlos Morla Lynch, aunque el libro sea habitado por otros monstruos como Juan Ramón, Salinas, Cernuda, Unamuno, Alberti, Neruda y –por supuesto- Federico García Lorca.
Quien quiera distraerse buscando episodios pasionales puede encontrarlos leyendo entre líneas o colocando comillas en las palabras correctas, pero eso no es lo que le da valor a «En España con García Lorca», sino –más bien- lo que le ha quitado impagables páginas. El copioso epistolario de Morla Lynch con Cernuda, por ejemplo, fue destruido por la familia del autor, precisamente porque Lorca, Cernuda y Morla Lynch compartieron la amistad del actor Serafín Ferro. ¿Se imaginan a la familia de Cernuda destruyendo «Los placeres» o «Donde habite el olvido»? Para mí, lo más importante de los diarios de Carlos Morla es el gran fresco madrileño anterior a la guerra civil.
Lo primero que llama la atención es la dichosa convivencia de una tropa de poetas, músicos y escritores que dentro de muy pocos años se odiarían africanamente. Hay que ver cómo izquierdistas y derechistas convivieron sin malos rollos dentro del lujo, los saraos, las corridas de toros, los tablaos flamencos y las recepciones diplomáticas. ¿Quién dijo que la estrechez une y que la riqueza divide? Por otro lado, la gitanería bohemia de Federico arrastró a Morla Lynch por camerinos, tentaderos, trastiendas y cafés cantantes, mientras que la vida sibarita de Carlos instaló a García Lorca en los salones, las embajadas, los palcos y las barreras de las plazas de toros.
Sin embargo, esta reedición corregida y aumentada de «En España con García Lorca» –que trae un bello álbum fotográfico y el epistolario completo de Morla Lynch y Federico- sirve además de preámbulo a la inminente publicación de la segunda e inédita parte de los dietarios de Carlos Morla: «España sufre. Diarios de guerra en el Madrid republicano», que editará Renacimiento con prólogo de Andrés Trapiello. En realidad, la lectura de la primera parte se enriquece y adquiere mayor sentido después de leer la segunda, porque el lujo, la ilusión y la aparente frivolidad de «En España con García Lorca» se convierten en la muerte, la tortura y la miseria de «España sufre».
Hay unas líneas sobre el abandono al que Neruda condenó a su mujer y a su niña enferma, que a uno lo arrasan de indignación; pero también hay unos dibujos de Federico «en llanto» por Morla Lynch, que menos mal que nos devuelven la sonrisa.